TODOS LOS MARADONA EN UNO

Amores y odios. Gloria y ocaso. No hubo personaje capaz de despertar en algún ser humano sentimientos tan antagónicos, casi incompatibles, como Diego Armando Maradona generó la sociedad. Pero él, cazador de utopías y domador de sueños inalcanzable desde Fiorito hasta la cima del mundo, fue un paso más allá: supo contener a más de una versión de sí mismo, del genio que fue, dentro de un corazón enorme.

De Maradona se ha visto y leído hasta el cansancio. De lo lindo; del fútbol, de sus goles, de proezas inimaginables que se hacían realidad como solo podía pasar en un cuento, viajar desde el submundo hasta vivir en una de las ciudades más ricas del planeta, de gambetear ingleses hasta mojarles la oreja con «la mano de Dios». Incontenible, dentro y fuera de la cancha. Fuera de serie.

Autor de frases inigualables, a veces enojado con todos y otras amigo de sus más acérrimos enemigos. Acaso el más argentino de los argentinos. Llora el fútbol, llora la Argentina. Llora una parte del mundo. Lloramos mientras escribimos porque llegó el día que no queríamos que llegue.

La vida de Maradona se convirtió en un reality mucho antes de que se inventara el género. Cayó en la oscuridad y resucitó tantas veces. Rezamos por él, por su salud. Fue nuestro Superhéroe. Lo imaginábamos inmortal, hoy se nos fue. Desde ahora, ya no habrá otro día igual sin Maradona porque Maradona era sinónimo de felicidad, de hacer posible lo imposible.

En 2008, el director yugoslavo de Cine Emir Kusturica estrenó un documental en el que buscó retratar a Maradona. La imagen que los hinchas tenían de su ídolo y lo que había detrás de ese Maradona.

En un fragmento de «Maradona by Kusturica», el propio Diego se abrió y contó desde chico «ya sabía quien iba a ser, lo que no sabía era que iba a tomar cocaína» y habló de la culpa que sintió y remarcó que «nadie está dentro mío».

Sin lugar a dudas, el propio Maradona reconocía en el documental que logró convivir con ángeles y demonios.

Acaso una de las mejores definiciones sobre Diego, la brindó el periodista Ernesto Cherquis Bialo en el programa Cada Noche, en mayo de 2018, por la TV Pública. En aquel entonces, ante la consulta sobre Maradona, el ex director de la revista El Gráfico, dejó un enunciado casi inmejorable: «Yo creo que hay por lo menos ocho, nueve maradonas».

El 10 de noviembre de 2001, Maradona tuvo su partido homenaje en La Bombonera. Una vez terminado, enfrentó el micrófono y decidió resaltar el valor del fútbol y dejó grabada una de las frases más célebres de su autoría: «Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha».

Ese hombre que no estaba preparado para ser Maradona, porque nadie lo está, fue el que estuvo presente cuando, por ejemplo, Pedro Damián Monzón había decidido quitarse la vida y casi como un ángel de la guarda apareció para evitarlo.

En 2005, protagonizó su propio programa. «La Noche del Diez» recibió cientos de invitados, se lo vio feliz y hasta tuvo la posibilidad de entrevistarse a si mismo.

Sin dudas, cada Maradona tendrá su encanto o llamará más la atención. Lo cierto, es que fue el propio Diego quien logro contener todas las versiones, esas tan distintas de sí mismo. Genio inigualable, ejemplo de superación. Héroe ante los más villanos. Gracias Diego, descansá en paz.

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